martes, 30 de junio de 2015

La confesión

Le dije a mi madre que me de una oportunidad.

Abrazé a papá y, aunque con cierto recelo, asentó con la cabeza mirando a mami. Sentí un alivio en el alma, los miré a los ojos amándolos más que nunca. Reí. Caminé hacia mi cuarto aún con las lágrimas en el rostro, pero con la sensación de que era hora de ser feliz completamente. Agarré el telefono que estaba encima de la cama y lo llamé. Estaba nerviosa, pero con el corazón vibrante de valentía y coraje, sintiéndome orgullosa de la lucha interna que realizó por un amor.

Se negó. Se excusó. Se disculpó. No quizo. Se mariconeó. Sabía que no debía hacerlo, pero aún así lo di todo por él.

Me rompió el corazón.

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